CM

 

Concejos y máximas de San Vicente de Paúl

 

1. Condición humana

1. Somos ciegos en todo lo que se refiere a nosotros, como el ojo que ve todo lo demás, pero no se ve a sí mismo.

2. La gula y la envidia son los vicios más ordinarios de las comunidades, si miramos las cosas de cerca.

3. Resistamos firmemente a nuestra naturaleza, pues si le damos un pie sobre nosotros, ella se tomará cuatro.

4. El secreto es el nervio de una comunidad. Si se divulga alguno de sus asuntos, queda en manos del diablo, pues el príncipe de este mundo tiene poder sobre él y sobre todo lo que hay en él.

5. Las inquietudes y penas que experimentamos vienen ordinariamente del amor propio. No merecemos ser llamados religiosos. No nos pertenece llevar un nombre tan glorioso.

2. La fe

6. Cuanto más se acerca uno al sol, menos lo ve; lo mismo pasa con las cosas de la fe.

7. Dios permite a veces que seamos castigados por faltas que no hemos cometido, en vez de los pecados que hemos cometido y por los que no hemos sido castigados, a pesar de haberlo merecido.

3. Voluntad de Dios

8. Todo lo que está en orden está según Dios; lo que no está en orden, no está según Dios.

9. Estar en un sitio contra la voluntad de Dios, ¿no es estar en un infierno?

10. ¿Hay algo más apetecible que cumplir la voluntad de un Dios? Hermanos, pensemos, por favor, lo que significa agradar a un Dios.

11. La perfección de la vida espiritual consiste en no tener más querer y más no-querer que el de Dios.

12. El compendio de la vida espiritual es querer todos los estados en que Dios nos pone.

13. La clave de la vida espiritual es aceptar con gusto todos los estados en que Dios nos pone. Estamos atribulados: ¡bendito sea Dios! Estamos consolados: ¡bendito sea Dios! El hombre no está nunca en el mismo estado.

14. Hemos de tener miedo cuando estamos consolados, creyendo que Dios nos trata entonces o como a enfermos o como a niños. Entonces hemos de temer que sea ésta la recompensa por los pequeños servicios que le hacemos y que algún día nos veremos privados de esa alegría eterna, que jamás se sentirá perturbada por ninguna desolación ni tristeza.

4. Caridad

15. El cielo de las comunidades es la caridad. Claustra quibus Deus habitat, charitas est.

16. La piedra filosofal de la devoción y la verdadera alquimia espiritual para hacer nuestro el bien del prójimo sin quitárselo a él, es que nos alegremos de él: particeps vi unionis.

17. El que da oídos al maledicente es tan culpable como él, según el refrán: «El que agarra es tan culpable como el que despelleja».

18. Uno de los mayores males que puede acontecer a una congregación es tener personas que murmuran y que, por no estar nunca contentas, siempre encuentran algo que criticar.

19. No hay nada que represente mejor la armonía y el acuerdo de los bienaventurados que una congregación en que todos estén bien avenidos.

20. El deseo de presumir es la destrucción de la caridad que hay en una congregación.

21. Cuanto más humilde sea uno, más caritativo será con el prójimo.

22. La flecha de la maledicencia pasa primero por las entrañas de Jesucristo, para llegar luego a aquél de quien se habla mal.

5. Humildad

23. Ni el don de convertir almas, ni los talentos exteriores, son cosas que nos pertenezcan; somos solamente sus depositarios. Con todo ello no dejaríamos de condenarnos.

24. La experiencia nos demuestra que hay no sé qué de malicia en los talentos externos, pues tener talentos externos como ser sabio y gran predicador en la Misión, es lo mismo que estar poco dispuesto a perseverar en ella.

25. Dios prefiere mil veces más oír los ladridos de un perro que la voz de uno que canta por vanidad.

26. No pongamos nunca los ojos en el bien que haya en nosotros, sino en lo que haya de malo: esto es un gran medio para conservar la humildad.

6. Oración y vida religiosa

27. No hay que desear la devoción sensible, sino recibirla de buena gana cuando Dios la dé.

28. Todo lo que hagamos de la mañana a la noche debe tender a hacernos buenos cristianos, como eran los de la primitiva Iglesia. No será poco si logramos llegar a su caridad, celo, etcétera.

29. Juzguémonos siempre aprendices y novicios en la virtud. Dixi, nunc coepi (Sal 76,11).

30. La curiosidad es un gran vicio en un religioso. ¡Qué mal le va estar siempre al acecho para saber alguna noticia!

31. Dios castiga a veces a toda la comunidad por culpa de un individuo.

32. No hay nada que gane tanto el corazón de Dios como agradecer sus beneficios.

33. El que hace poco caso de las mortificaciones externas, diciendo que las internas son mucho mejores, demuestra que no es mortificado ni interior ni exteriormente. Cumplir la voluntad de Dios y complacerse sólo en ella es vivir una vida de ángeles, más aún, es vivir la vida de Jesucristo.

34. Si Dios quiere probar a la compañía y acostumbrarla en buena hora, a aceptar a los enfermos, ¿por qué no nos examinamos y diremos sin duda: hay algo en la compañía que es causa de las enfermedades, hay quizás demasiado retiro?

35. Tengamos nuestras conferencias y repeticiones de la oración como dones preciosos de Dios, que no se nos han dado especialmente a nosotros.

36. Lo mismo que hay dos formas de navegar, a vela y a remo, también hay dos maneras de ir a Dios: a remo, cuando nos cuestan mucho los ejercicios, cuando la oración nos parece dura, cuando no encontramos gusto en ella, cuando todo va de mala gana; a vela, cuando volamos en nuestros ejercicios, cuando todo sonríe y sopla el viento de los consuelos.

37. Bendito sea Dios mil y mil veces porque ha querido suscitar en la compañía un medio tan eficaz para perfeccionarnos, como es el de las conferencias. Bendito sea Dios porque nos sermoneamos mutuamente con tanta mansedumbre y sencillez.

38. Si nos preocupamos tanto de encomendar a Dios los asuntos de nuestros parientes y los propios, con cuánta más razón hemos de rezar a Dios por los asuntos que atañen a su gloria.

39. No nos contentemos solamente con practicar particularmente la virtud, sino pidámosla a Dios para todos los demás; así nos haremos partícipes de todo el bien que hagan los otros.

40. Es una dicha estar en una comunidad, porque así se participa del bien de todos los miembros.

41. Ofrezcamos a Dios a los demás, olvidémonos de nosotros mismos y nos volveremos a encontrar todos en él.

42. Una de las señales más ciertas para conocer que Dios tiene grandes proyectos sobre una persona, es que le envía desolaciones tras desolaciones, sequedades tras sequedades, etcétera.

7. Vocación misionera

43. Los misioneros son los sacerdotes del campo.

44. Creamos que la Misión es la más pequeña de todas las compañías, no sólo la penúltima, sino al ultimísima de todas.

45. Que esta compañía sea una compañía que no encuentre nada que criticar en las demás, y que haga profesión clara de ver bien todo lo que las demás hagan; que nunca se oiga entre nosotros: tal compañía hace esto, falla en lo otro, etcétera.

46. La caridad es el alma de las virtudes.

47. ¡Qué feliz es la condición de un misionero que no tiene más límites en sus misiones que el mundo habitable! ¿Por qué restringirnos entonces a un punto y ponernos límites dentro de una parroquia, si es nuestra toda la circunferencia del círculo?

48. Sólo el orgullo y la sensualidad podrán hacer que un misionero abandone.

8. Celo y pereza

49. Nos condenaremos tanto por no haber hecho el bien como por haber hecho el mal.

50. La pereza ha hecho salirse a muchos de la compañía.

51. Creo que la mitad de la gente, y hasta los tres cuartos, se condenarán por el pecado de pereza.

52. Procuremos, hermanos, que no se cuele en la compañía el espíritu remilgado, al ver tantos enfermos en la Misión; algún demonio nos tentará por ahí, si no ponemos mucho cuidado.

53. La presencia de los ejercitantes debe servirnos de freno para mantenernos en nuestro deber; si no hubiera ejercitantes, la congregación se quedaría sin un gran medio para progresar en la virtud y caería pronto de bruces en el suelo, si Dios no la tuviera con su mano.

9. Superiores

54. He visto cómo una de las comunidades más observantes de la Iglesia de Dios se hundía en menos de cuatro años por la indolencia y la negligencia de un superior.

55. Todo el bien de las comunidades depende de los superiores.

56. Hay que rezar a Dios por los superiores, como por aquellos que han de dar cuenta de nosotros.

10. Sacerdocio y formación. 829

57. Los sacerdotes responderán a Dios por los pecados del pueblo. Y el pueblo se acogerá a ellos, al verse castigado, viendo que tienen un medio tan bueno para aplacarle.

58. El seminarista que diga: «¿Hasta cuándo voy a estar en el seminario?», nos da una señal de que está en mala situación y muy cerca de su ruina.

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